Crónica Festival de Cine de Sitges (Jornada IX)

Todo lo bueno llega a su fin tarde o temprano. Para una persona que ama el cine (y sobre todo el de género) como servidor, la experiencia cinéfila del año supone un oasis vital, toda una vivencia de crecimiento personal. Hasta de las películas malas (que las ha habido, claro) sacas algo importante. Por eso da pena que se acabe. En cualquier caso, el último día fue al máximo provechoso y podemos comentar una buena hornada de películas.

Destacar, para empezar, el Palmarés Oficial que se diera a conocer este día. Parece que el premio gordo ha tenido un aire reivindicativo, aunque no tan valiente como pareciera (da la sensación de que la enorme mayoría de películas a competición no tuvieron nunca ni la más mínima oportunidad). Swiss Army Man gana, además laureando también a Radcliffe como mejor actor protagonista, acaso el premio más acertado de todo el Palmarés. También hay algunas cosas incomprensibles, como el Premio al Mejor Cortometraje de animación a Darrel, escasamente imaginativo, de los más flojos que he visto.

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The Neon Demon

Pero vayamos con los largos, empezando por el final. The Neon Demon me ha parecido lo mejor del Festival, directamente. En al Palmarés se tendrá que conformar con el Premio de la Crítica (algo es algo), pero debiera haberse llevado algo más. Nicolas Winding Refn subyuga al espectador con este espectáculo hipnótico cuya estética continúa bebiendo del cine de Argento, modernizada hasta conseguir una atmósfera cada vez más personal, que ya se asentaba plenamente en su anterior film Solo Dios perdona. Aquí se pule y perfecciona aún más la puesta en escena. La mezcla entre música e imagen posee una extraña fuerza que cautiva. El argumento, una joven aspirante a modelo despierta las envidias de un feroz entorno competitivo y hostil, desarrolla una crítica, admitámoslo, bastante obvia y ramplona. En realidad, este solo sirve de excusa para que Refn desarrolle su filigrana formal, por lo que entiendo a aquellos que la tildan de vacía y no la aguanten por ello, aunque creo que equivocan el foco de su crítica. Algunos la comparan con el Love de Noé; la diferencia es que aquella sí tenía una pretensión de fondo que no se materializaba de facto en el film, mientras que la intención en la de Refn está clara y consigue lo que busca con creces. Mi película preferida del danés hasta la fecha.

Por contrastar, vayamos ahora con lo peor del Festival:

Amor.

Madre naturaleza.

Creadora de todo.

Dame fuerzas, porque en tu seno está la virtud de la creación.

Sabiduría.

¿Qué significa el tiempo?

¿Quién soy? ¿De dónde venimos? El viaje de la vida.

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Voyage of Time

Me lo he ido inventando, pero así de irritante es la voz en off de Voyage of Time: Life’s Journey, el documental de Terrence Malick realizado con las sobras de El árbol de la vida. Me es casi imposible de soportar esa pretenciosidad new age tan típica del director, que aquí es ya sonrojantemente risible. Aun sabiendo a lo que iba (imágenes bonitas de nebulosas y de procesos geológicos), la experiencia ha sido horrible. Para colmo, ni siquiera es original en su material. Muchos de los motivos mostrados ya los he visto y mejor en otros documentales anteriores. Así que lo que nos queda es una sucesión de wallpapers narrados por una Cate Blanchett que se dedica a discurrir sobre el poder de la madre naturaleza y la necesariedad de que alguien o algo haya tenido que crear algo tan majestuoso. No compro esa mierda.

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Le secret de la chambre noir

 La segunda película en este Festival de Kiyoshi Kurosawa (bienvenida sea, pues cada vez disfruto más de su cine) es Le secret de la chambre noir. No se trata de una película de terror en esta ocasión, aunque mezcla elementos de Journey to the Shore con un aire de misterio algo oscuro, consiguiendo una atmósfera de inquietud, casi nostálgica, bastante notable. El arranque es magnífico, me encanta la puesta en escena de Kurosawa, cómo escudriña los espacios lentamente, con planos muy abiertos que obligan al espectador a buscar con la mirada activamente. Por desgracia, la historia principal comienza a flojear a eso de la mitad del film, momento en que todo se desinfla notablemente. Técnicamente es impecable, a destacar de nuevo su extremadamente sensible banda sonora. Pero hay varios problemas que le lastran. Uno de ellos es una interpretación principal de Tahar Rahim paupérrima. Además, está demasiado alargada, pues pronto empieza a dar vueltas sobre la misma idea y le cuesta despedirse. Una lástima, porque la película tiene atmósfera y demuestra sensibilidad.

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Louise en hiver

El problema de Louise en hiver es que quiere ser, y es, demasiado francesa. Esta película de animación habla del tema de la vejez y su relación con la muerte, o la soledad, pero lo hace de maneras demasiado obvias. Tampoco consigue desbordar con su imaginación, más bien escasa, ni tan siquiera cuando lo mostrado son ensoñaciones que pretenden magia y asombro. Es evidente que hay sensibilidad detrás, y la premisa me parece bastante bonita (la anciana protagonista se queda sola en la ciudad de vacaciones durante un año al perder el tren de vuelta porque el reloj de su casa se ha detenido), pero se le ven demasiado las costuras, y ni siquiera consigue dibujar un personaje principal que inspire la suficiente ternura o identificación con el espectador. Sí destaco su bello dibujo, aunque la animación en sí es más bien simple.

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Headshot

Ahora vamos con la indonesia Headshot, de Kimo Stamboel y Timo Tjahjanto. Lamento decirlo, pero aunque las comparaciones son odiosas, es la hermana menor y pobre de The Raid. No consigue sacarle partido a su protagonista (el mismo en ambas cintas), haciéndole deambular de pelea en pelea empleando como vehículo un drama de amor horrendo que lastra la película enormemente. Las escenas de acción, en general bien rodadas pero también pobres en comparación con el talento de Gareth Evans, no justifican el visionado de esta película mal estructurada y mal planificada. Por mucho que nos mole el pencak silat en pantalla, hay que tener mayor talento tras la cámara para poder aguantar dos horas de metraje.

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Yoga Hosers

Vamos a finalizar estas crónicas ya con un poco de humor de la mano de Kevin Smith. En la senda de su anterior y bizarro film, Tusk, nos trae ahora este spin-off basado en los personajes de las dos jóvenes dependientas del súper, Yoga Hosers. Totalmente autoconsciente de su ligereza argumental, la película es una mera excusa para mostrar en pantalla la encantadora química entre las dos actrices protagonistas: Harley Quinn Smith y Lily-Rose Melody Depp. Su humor no es genial, acaso nada lo es en esta película salvo su atrevimiento tontorrón, pero el producto es simpático, y solo se le atragantará a aquellos que se acerquen a ella buscando un producto con una trama congruente y sólida. Esto va de dos chavalas que tienen que matar salchichas nazis canadienses que al explotar sueltan chucrut. Sin más. Se retoma también el personaje de Johnny Depp de Tusk, que me parece de lo mejor de sus últimas construcciones. Bienvenido sea a la función. También un demacrado Haley Joel Osment, en un breve pero delirante papel. Aquí todo suma, y al final te das cuenta de que te lo has pasado bien observando la película más chorra del mundo.

Con esto nos despedimos de esta magnífica experiencial anual, deseando poder volver el año que viene, para la que ya se atisban novedades jugosas. ¿Abrirá Blade Runner 2049 la Edición número 50 del Festival de Sitges?

Carlos Rodríguez.

Crónica Festival de Cine de Sitges (Jornada VIII)

El día de hoy ha venido definido casi en su totalidad por la Sección Oficial. Tenemos en primer lugar Shelley, cinta danesa de terror que parece haber pasado muy de tapadillo por la programación del Festival, sin apenas atención del público, pero que, curiosamente, ha sido la única película hasta el momento en generarme verdadera inquietud. La trama es eminentemente deudora de La semilla del diablo de Polanski, pasada por un tamiz muy danés que recuerda a Anticristo sobre todo, con algunas ideas de Nymphomaniac (II), de Von Trier. La historia consiste en una pareja que, incapaz de concebir, decide solicitarle a su recién llegada asistenta la posibilidad de prestarles su vientre en alquiler.

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Shelley

 La película relaciona la maternidad con lo maligno, le niega el sustrato de obligatoriedad existencial al presentarla como un elemento degenerativo de manera hiperbólica, en relación con la naturaleza salvaje del entorno, de igual manera que hacía Anticristo, pero usando la forma cinematográfica claramente diferente. El terror se apodera del metraje como una ponzoña que lo va inundando todo a medida que avanza, instalándose en la psique de sus protagonistas. El deterioro físico de la protagonista va de la mano de la escalada de terror e inquietud. El tema me produce especial desasosiego, y por suerte la dirección acompaña, elegante, generando una atmósfera malsana, con toda la violencia sugerida, o fuera de plano. Casi siempre es más potente lo sugerido que lo mostrado explícitamente, y esta película es un buen ejemplo de ello. Solo le echo en falta mayor desgarro al final, que se termine de desatar para dejar un regusto más potente, una guinda que hubiera podido completar la mejor película del Festival. Casi.

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Zombi

Haciendo un pequeño receso en la Sección Oficial, nos volvemos a encontrar con un clásico entre los clásicos: Zombi (1978), de George A. Romero. Su visionado me ha servido para reafirmarme en lo que opino de ella. Creo que su iconicidad está muy por encima de la calidad real de la película. Valoro muy positivamente toda su aportación al género de zombis, el enorme acierto de ambientar la película en un centro comercial… Empero, su sustrato filosófico está un poco sobredimensionado, y no tan bien desarrollado como se piensa. En este sentido, encontramos dos ideas interesantes: la sociedad está muerta, el consumismo nos hace vivir como zombis, totalmente alienados; y no hay nada más peligroso para el hombre como el hombre en sí mismo. Esto así enunciado queda muy bien, pero en la película está demasiado soslayado, y no lo suficientemente bien acompañado de escenas que revistan esas ideas con potencia. Vemos así la parte del asalto por parte de una banda al centro comercial, la que desata el desenlace de la película, que es tan ligera y cómica (voluntariamente, vale) que no se puede tomar en serio. Siendo así, no se justifican las más de dos horas de idas y venidas sin un sentido claro de la tensión. El montaje de Dario Argento (muy a su manera, con la cual no comulgo) y la música de Goblin (especialmente irritante) no me ayudan en nada. Aquí los protagonistas absolutos de la función son el centro comercial y los míticos efectos y maquillajes de Tom Savini.

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Operation Avalanche

Volvamos a la Sección Oficial. Operation Avalanche es una película que ya se hizo. Partiendo de esta base de innecesariedad, lo que en 2002 se realizaba en formato falso documental en Operación Luna, aquí se revisa y desarrolla dramatizado, aunque empleando la cámara en mano imitando el formato reportaje o documental. Se trata de una película de intriga en torno a la idea de que la llegada del hombre a la Luna, las imágenes que todos conocemos, son una farsa rodada con la ayuda de Stanley Kubrick, que acababa de rodar su 2001. Justifica con calzador su presencia en la SO de un Festival de Cine Fantástico, ya que se trata de un drama de intriga muy convencional, bien desarrollado y con buena factura, también con sentido del humor cuando quiere tenerlo, pero finalmente nada memorable y prescindible. Destaco lo bien medida que está la tensión. Esto es lo que más disfrutable la hace. Cuenta con una escalada de emoción hacia el final que le hace oscurecer el tono y  me parece lo mejor de la película.

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Swiss Army Man

Vamos con la película indie sobredimensionada del año (que todos los años nos encontramos alguna). Swiss Army Man es lo que es su premisa, enunciada en su magnífico prólogo: un náufrago, al borde de la desesperación y el suicidio, es salvado gracias a la aparición del cadáver flatulento de Daniel Radcliffe. Genial. A partir de aquí, se desarrolla una bizarra historia de amistad que consiste en estirar el chicle del gag. Verdaderamente, admiro la valentía de hacer algo así, porque ha salido un producto poco convencional solo por la premisa, y además demuestra cierta inventiva al crear escenas cómicas en torno a la relación de náufrago y cadáver. Hay algunas pretensiones filosóficas que se quedan en la superficie de una película en la que lo que destaca es su particular humor, pero sí añaden un poso extrañamente poético que no le viene mal. También atisbo un ligerísimo regusto de realismo mágico que, extrañamente, no me molesta, supongo que justo por ser ligero, pues entiendo que esta película dirigida por el francés de turno habría apestado a la legua. Finalmente, se queda en una película simpática y ligera, sin más alardes, con un Radcliffe ofreciendo su faceta más hilarante. Fan del agente que le haya conseguido este papel.

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Crudo

Finalmente, una de las más sonadas en este Festival: Crudo. Se trata del primer largometraje de la francesa Julia Ducournau, un drama universitario que se enfoca decididamente al terror psicológico, con la temática principal del canibalismo. Este motivo se desarrolla añadiendo con elegancia ligeros elementos sobrenaturales, como la pérdida de la voluntad ante la necesidad acuciante de carne humana. Existe una enunciación del vegetarianismo que parece ir a conducir a algún tipo de mensaje concreto pero que finalmente se abandona para centrarse en el desarrollo de la historia de canibalismo familiar. Destacan especialmente su actriz principal, cargada de matices en un papel nada sencillo, consiguiendo naturalidad o inquietando cuando es necesario; un guion bien dosificado que sabe crear momentos desagradables con solvencia, añadiendo notas de humor negro al conjunto, aunque presente un desarrollo algo ramplón; y una banda sonora potente y bien dosificada. El final está un poco cogido con calzador, pero le salva la distancia irónica con que rueda la directora.

Carlos Rodríguez.

Crónica Festival de Cine de Sitges (Jornada VII)

A pesar de que solo he tenido la posibilidad de adentrarme en la Sección Oficial en una sola de las películas, la jornada de hoy ha sido de las más completas y variopintas. La abríamos con la irlandesa I Am Not a Serial Killer, de Billy O’Brien. Protagonizada por Max Records, el niño repelente e insoportable de Donde viven los monstruos, su trabajo en esta ocasión es más que decente, soportando todo el peso de la película junto a un Christopher Lloyd sobre el que tengo una debilidad especial. La historia, un chaval cuya familia trabaja en una funeraria comienza a percatarse de sus acuciantes inclinaciones sociópatas y psicopáticas, tratando de ponerles freno, mientras que en el pueblo un misterioso asesino en serie perturba a la población. Posee un sentido del misterio y la intriga bastante logrado, que funciona sin agotarse incluso ya descubierta la identidad del asesino.  No es una película muy importante ni de altos vuelos, pero sí mucho más solvente que la media, atreviéndose incluso a crear una cierta iconicidad con algunas imágenes e ideas potentes que son muy de agradecer, aportando solidez al conjunto.

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I Am Not a Serial Killer

Una de las secciones sobre las que más debilidad tengo es Anima’t Cortos, porque adoro el formato y porque el nivel suele ser más que decente. Me esperaba en esta ocasión la segunda tanda de cortos de animación a competición. Constato un nivel variado, pero destacaré los dos cortometrajes que me han parecido de una calidad mayor. Uno es The Inverted Peak, de los hermanos Greg y Myles Mcleod. Es un cortometraje de animación experimental, que basa toda su fuerza en sus bellas imágenes surrealistas con algunos nexos en común en su diseño (figuras que gotean, triángulos, representaciones de la muerte o irónicos smileys), en un impresionante  y subyugante diseño sonoro y en una narración que se cuestiona preguntas filosóficas en torno al libre albedrío: ¿quién controla todo?

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Love

El otro cortometraje a destacar es Love, del húngaro Réka Bucsi, muy laureado con su anterior trabajo en Festivales como la Seminci, donde se llevaría la Espiga de Oro. Con Love, Bucsi nos articula un relato planetario en torno al amor, dividiéndolo la historia en anhelo, amor y soledad. Un agente externo planta la semilla del amor en un planeta cualquiera, habitado por una serie de criaturas surgidas de la imaginación del animador, que consigue un trabajo de una belleza y una inventiva más que notable.

La nota divertida de la jornada viene de la mano de Hardcore Henry, una coproducción estadounidense y rusa de acción en primera persona. La premisa de rodar en primera persona no es tan original como pareciera, pero sí lo es su incursión en exclusiva en una película de acción. El recurso recuerda demasiado a un videojuego, pero su factura es tan potente que impresiona. Es un cine ligero, para disfrutar de la acción frenética sin pensar demasiado. Valoro muy positivamente su feroz inventiva y la frescura en la dirección, con un total dominio del espacio y de los recursos del entorno. Su historia, que incluye elementos fantásticos y de ciencia ficción, es casi anecdótica, un pastiche de otras películas que ya hemos visto antes, pero sirve bien de hilo conductor, como excusa para desarrollar la acción. Esta se apoya en una banda sonora muy cañera, casando a la perfección con el estilo del filme. Por último, destacar los geniales títulos de crédito iniciales, y el icono pulp que se consigue crear con la película. Auguro un culto importante a Harcore Henry.

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Hardcore Henry

Santa Fiesta es uno de esos documentales que ya tardaban en existir. Necesario. Miguel Ángel Rolland se encarga de documentar diversos festejos tradicionales españoles en los que se emplean y maltratan animales, ofreciendo algunos datos demoledores. Con un trabajo casi clandestino durante un año, ofrece imágenes de festejos celebrados durante 2015 con enorme raigambre en las diversas localidades, como el famoso Toro de la Vega, o los Bous a la mar. Y estos son algunos de los más conocidos, pero es posible que la gente desconozca que hay pueblos cuya diversión consiste en pelearse lanzándose ratas…

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Santa Fiesta

Partiendo de esa necesariedad y del orgullo por el atrevimiento, que aplaudiré hasta la saciedad, sí que me habría gustado un material más potente. Tengo la sensación de que, posiblemente por lo difícil que puede resultar grabar esas imágenes, no termina de ofrecer una dimensión completa del maltrato que sufren los animales en esas fiestas, limitándose al material que se ha logrado conseguir, que no es poco, pero tampoco suficiente, ofreciendo así un alcance relativo. Por ejemplificar esto, vemos la fiesta de los Bous a la mar, y el material se corta cuando el toro cae al mar y comienza a ser remolcado por las barcas,  pero no se muestra lo que ocurre con él después, ni claro está, antes. Con todo, sigo opinando que toda lucha por erradicar según qué lacras de una sociedad que se cree civilizada es poca, así que bienvenido sea Santa Fiesta, y le deseo la mejor de las difusiones.

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Terraformars

Finalizamos con la Sección Oficial, en este caso con la nueva película del incombustible Takashi Miike, que esta vez nos presenta una adaptación de imagen real de un manga. Terraformars es una historia futurista en que un grupo de desechados de la sociedad es enviado al planeta Marte, en proceso de colonización, para destruir unas cucarachas enviadas tiempo atrás. Pronto descubrirán que las cucarachas han mutado y ahora son humanoides de fuerza extrema. Pero ellos mismos esconden mutaciones que les permiten desarrollar súper poderes basados en características de insectos. La idea no puede ser más loca, y qué mejor director que Miike para llevarla a cabo, que ni tiene vergüenza ni la conoce. Y no se corta ni un pelo: la película es voluntariamente cómica, pagada de sí misma, excesiva por los cuatro costados y libérrima. Me mata su apego a la estética manga. Tengo la sensación de estar viendo un anime, cosa que cada vez soporto de menor agrado. Encima uno chusco, algo así como Super Sentai (los Power Rangers, vamos) mezclado con Sailor Moon y aderezado con Starship Troopers. Me hace cierta gracia, pero no termino de entrar en el juego. Para el que lo aguante.

Carlos Rodríguez.

Crónica Festival de Cine de Sitges (Jornada VI)

Hoy sí es la lluvia lo que ha hecho gris el día. Más allá de la meteorología, la jornada festivalera ha sido productiva. Nos encontramos en primer lugar con la italiana I tempi felici veranno presto. Se trata de una suerte de cuento de hadas sui generis, en el que el principal protagonista de la función es ese elemento que tantos y tantos cuentos tienen en común: el bosque. La trama está plagada de lugares de indeterminación, apoyándose en un cripticismo al amparo de un bosque omnipresente, que aparece retratado sin apenas artificios. Es un cine lento y pretencioso, pero consigue momentos de enorme atractivo, sobre todo al atisbar sutiles relaciones entre sus personajes, atracciones ocultas, a veces fatales. Rodado con elegancia y calma, estirando mucho los tiempos, encontramos escenas especialmente delicadas, como aquel baño en el río que da imagen al poster del film. Es un cine muy sugestivo, aunque desde luego no fácil de digerir.

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I tempi felici veranno presto

El día ha continuado inmejorablemente con una vista atrás, nada menos que al cine de Tarkovsky con su mítica Solaris. De nuevo, no me quiero extender en una obra que ha hecho correr tantos ríos de tinta, y prefiero centrarme en las novedades, pero siempre es un placer poder recuperar estos clásicos en pantalla grande. No es la obra más redonda del maestro soviético (para mí Zerkalo sigue siendo insuperable), pero aún con eso, es un clásico imprescindible del cine de ciencia ficción que es muy loable reivindicar. Y me sigue impresionando su final, y sigue resonando en mi cabeza la inmortal música de Bach, que retomaría para sí muchos años después un Lars von Trier finalizando su trilogía sobre la depresión con Nymphomaniac.

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La doncella

Palabras mayores: Park Chan-Wook. Aunque tras su anterior película, para mi gusto la más floja de su filmografía, perdí un poco el hype por el coreano, qué duda cabe que sigue teniendo tirón, hasta el punto de que su nueva cinta es de las películas más esperadas del Festival. La doncella es un drama ambientado, cómo no, en la época de la ocupación japonesa, articulado casi como una película de espías, en que no sabes quién engaña a quién, y quién planeó qué. Dividida en tres actos, cada uno de ellos cuenta un punto de vista diferente de la historia, con una técnica narrativa cercana a la de Rashomon, de la que se sirve Chan-Wook para general la intriga y dosificar así los datos de su historia. Curiosamente, ya fuera del registro habitual del coreano, por las temáticas, constato que se sabe adaptar perfectamente a las necesidades de la historia que quiere contar, que requiere de mayor sutileza, destacando por encima de todo su sentido del erotismo, que rueda con una fuerza y una elegancia que no recuerdo vislumbrar en ninguna película suya anterior. Tampoco me parece de sus películas más apasionantes, pero se las arregla para ser cautivadora y que su largo metraje no sea un problema. Mención especial a las dos actrices principales, muy entregadas a su papel, y a la banda sonora, con mucha fuerza, compuesta al estilo minimalista de Glass, sobre todo en los temas más expansivos.

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Para acabar, una pequeña decepción. Voy a tener que empezar a pensar que The Lords of Salem es una rara avis dentro de la filmografía de Rob Zombie, destacando especialmente por su sensibilidad macabra, por su fuerza visual y su calidad, en general, muy por encima del resto de sus películas. Como este era el precedente, no era difícil suponer que su siguiente cinta podría continuar esa senda. Nada más lejos de la verdad. 31 es casi como una regresión a los tiempos de La casa de los 1000 cadáveres, solo que más refinada y con mejor factura. Los problemas se le amontan por los cuatro costados. Rob Zombie demuestra que no sabe ir más allá de su premisa, por otro lado nada original, ofreciendo una película sin ningún argumento ni nada que contar. Toda su inventiva se agota en el maquillaje de los psicópatas. Ni consigue escenas de tensión llamativas, ni los asesinatos tienen fuerza, ni una mínima implicación con los personajes. Sí que tiene cierto sentido de la diversión algo tontorrón que potabiliza un poco el visionado, haciéndolo digerible, pero es una lástima que la película acabe tan pronto y se quede dando vueltas como pollo sin cabeza (más o menos, cuando superan la primera prueba, no desvelo mucho, y el resto son repeticiones del mismo esquema). Su estética feísta combinada con la esperpéntica se queda pronto sin demasiada gracia, sin ninguna garra. También encontramos demasiadas escenas resueltas con torpeza, abusando desde la dirección de la cámara temblorosa y los ralentís. En definitiva es, por desgracia, un patinazo importante en su filmografía.

Carlos Rodríguez.

Crónica Festival de Cine de Sitges (Jornada V)

Jornada gris en Sitges. Y no porque el día haya venido lluvioso, no. Sino porque continúan las medianerías y el tedio se apodera de mí película tras película. A esto hay que sumarle un plus de sueño, de ese tipo especialmente virulento que sentimos los acreditados de prensa, que nos levantamos a diario antes de las 7 para reservar con la celeridad de un DeLorean a punto de viajar en el tiempo aquella entrada que prevemos es más jugosa, en pases con buenos horarios pero poco cupo para prensa (pues a nosotros se nos adjudican los horarios más intempestivos). Más flagrante es que muchas de estas películas se hallen compitiendo en Sección Oficial, pero entiendo que una Sección Oficial con treinta películas (una barbaridad), debe tener de todo.

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Museum

Pues eso, nos adentramos en competición con otro thriller policíaco oriental como ya estamos viendo muchos en esta Edición del Festival. Se trata de la japonesa Museum, de Keishi Ohtomo. La historia bebe indudablemente de Seven, sin aportar nada nuevo, y la estética añade además un aire manga bastante marcado (se trata de una adaptación), muy habitual, como venimos viendo, en el cine nipón (lo cual, en la mayoría de los casos, me parece una importante rémora de la que no se saben zafar). Su factura es decente, con un manejo de la tensión más o menos medido, pero es demasiado tramposa, previsible, y deja las cosas a medio enunciar. La escritura es mayormente desastrosa, con diálogos vergonzantes y ocurrencias ridículas de la trama. Este pastiche de demasiados filmes conocidos no es nada memorable y tan pronto acaba, muere en tu recuerdo.

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Mon Ange

Peor aún la belga Mon Ange, una afectadísima cinta romántica que deseas poder ver con un poco de insulina inyectable delante, para un momento de necesidad. La trama tiene cierta originalidad: un chico invisible, que nunca se ha relacionado con nadie, se enamora de una chica ciega que, por razones obvias, no es capaz de discernir la nula opacidad del novio, que se calla lo suyo como una perra. Ambos crecen, ella se opera de la vista y recupera el sentido, lo que puede suponer algún problema que otro en la relación… El limitadísimo núcleo dramático de esta película se reduce a esta breve sinopsis. No va más allá. No hay dirección, ni hay mensaje aunque se pretenda (esas disertaciones de primero de filosofía no sé a quién se las piensan vender). No solo el fondo es vacuo; la forma es empalagosa, cargada de primeros planos ultra iluminados, apoyándose en la belleza de su actriz principal (o actrices) hasta límites insospechados. Le concedo el mérito de alguna sutileza más o menos elegante, por ejemplo al rodar escenas de sexo (no era tan fácil de conseguir como podría sonar). El final no podía ser más inocente (para mal).

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Pet

Aunque más digerible, Pet es otra cinta mayormente prescindible. Protagonizada por Dominic Monaghan y dirigida por Carles Torrens, no consigue urdir una trama mínimamente coherente, por lo que el castillo nace ya derribado. La estupidez de la trama apenas merece la pena ni ser explicada, pues ni el mismo guion se preocupa de justificar sus decisiones para hacerlas mínimamente verosímiles. Y como aquí ni el director tiene claro lo que nos quiere contar, enseguida uno se pierde en una cinta de 90 minutos que parecen 180. Además, el tratamiento de la violencia es exasperantemente poco imaginativo. Lo que debería servir como vehículo para manejar la tensión y los clímax, se hunde en un pozo de indiferencia, que casi roza el ridículo y la risa involuntaria.

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In a Valley of Violence

Menos mal que una película ha salvado el día, y casi justifica el Festival en sí. Hablo de la última de Ti West, In a Valley of Violence. Se trata de un western cuyo tono homenajea al spaghetti, con la temática de la venganza como eje central en la trama. El personaje protagonista es épico pero también humano, y Ethan Hawke sabe otorgarle los matices y la presencia necesarios, con una interpretación magnífica. Ti West sabe moverse por diferentes tonalidades, a veces intimista, a veces cómico, o serio. La banda sonora apuesta decididamente por los recursos compositivos más característicos de los westerns italianos, con esa opulencia épica y esas instrumentaciones tan características. Los secundarios están excelentes también, a destacar un Travolta con un papel más que solvente que le viene al dedo. No se mueve en cotas dramáticas demasiado elevadas, y se le ven un poco las costuras, pero es modesta y consigue una complicidad con el espectador que hace que durante 100 minutos, te olvides de todo y disfrutes plenamente de la película, que es justo de lo que va esto del cine. Ojalá estuviese en Sección Oficial…

Carlos Rodríguez.