Alien: Covenant

Alien Covenant

Parece estar de moda señalar que el señor Ridley Scott está en horas bajas, de capa caída. Pero yo me pregunto: ¿cuándo no lo estuvo? ¿Alguna vez hubo ahí verdadero talento? Porque, con cada nueva película suya no me queda más que constatar los terribles problemas de Scott para insuflar vida a sus películas. Es decir, admitida la notable excepción de sus primeras dos o tres obras maestras, ¿queda algo de ese genio? ¿Fue un caso más de eso tan habitual en música llamado One-hit wonder (como digo, tres en este caso)? ¿Se debió su éxito verdaderamente a un cúmulo de casualidades y elementos que, en estado de gracia cuasi divina, se unieron en el lugar y momento adecuado? En cualquier caso, aquello queda ya muy muy lejos, y por más que los fans nos afanemos en encontrárselo de nuevo, mucho me temo que esa calidad no va a volver.

Yendo a lo que nos atañe, Alien: Covenant tiene su razón de ser en el empeño infructuoso de Scott en tratar de emularse a sí mismo. Por el camino, comete un pecado mortal para cualquier artista: autocopiarse. Esto suele ser sinónimo de autocopiarse sin conseguirlo, haciéndolo eminentemente peor. Pues esto es Alien: Covenant, en líneas generales.

Por suerte, hay algún atisbo de refrescar la propuesta mediante una intención claramente esteticista y diferenciadora de todo lo que nos había traído el mundo de Alien hasta la fecha (creo que uno de los mayores méritos de sus secuelas más inmediatas es saber alejarse del tono de la original y buscar sus propios caminos, aunque acaben copiando el esquema narrativo). Su estética, como digo, es oscura, y su puesta en escena es más cuidada y estilizada que la de su predecesora Prometheus. Todo el comienzo de la película, además, está bien narrado y, aunque no aporta nada particularmente interesante, sí mantiene la tensión razonablemente bien.

Hasta aquí lo bueno del trabajo de Scott. Ahora los fallos. El primero de ellos, lo mal escritos que están los personajes protagonistas. Esto era un problema que también notábamos en Prometheus, pero aquí es aún más evidente. A Scott y sus guionistas les cuesta horrores implicar al espectador en una historia copada de personajes unidimensionales (y uni es decir mucho. Adimensionales, mejor) que no nos importan lo más mínimo. Y mientras en todo el comienzo se atisban huecos sobre los que poder desarrollar adecuadamente a los personajes, todo se desinfla a medida que el caos comienza a reinar sobre una cinta que se acaba volviendo histérica, todos comienzan a morir de las maneras más tontas y precipitadas, y lo peor, nos da un poco igual.

Es aquí, a partir de la segunda mitad de película, cuando la cinta se desata, para mal, en este caso. Porque todo lo bien medido del principio se echa a perder cuando aparece la brocha gorda y todo se vuelve tosco, predecible y carente de emoción. Los problemas narrativos son imperdonables; la decisión de hacer avanzar la historia mediante tanto blablablá me parece totalmente desacertada y anticlimática.

Describamos ahora lo concreto. Si Alien tenía como protagonistas absolutos al monstruo y a una inolvidable Ellen Ripley, esta película se la traga enterita ese genial actor llamado Michael Fassbender. Scott tiene mucha suerte de contar con él. Hasta parece acertada la decisión de otorgarle un doble papel, por mucha mierda que le hagan decir (la temática principal de la película, esas dicotomías entre creador-creación, y su relación con el existencialismo robótico, aparte de estar más que vista y trillada, no adquiere un desarrollo de interés en la película) y, de hecho, las escenas de conversación consigo mismo me parecen las únicas de verdadera potencia cinematográfica de toda la película. Un ligero oasis que ni siquiera debería haber sido cuando a lo que se viene es a ver al Monstruo.

Recapitulando, sus méritos hacen que evite la quema, aún a pesar de los problemas narrativos y de puesta en escena de Scott, pero su evidente falta de vida, de alma, la hacen tan irremediablemente sosa que me temo es la peor de una saga que, recordemos, cuenta con Prometheus en la lista. Sin escenas que permanezcan en la retina, sin emoción real, sin personajes humanos carismáticos. Es, en última instancia, simplemente olvidable.

Nota final: 5/10.

Carlos Rodríguez.

Jackie

jackieLa última película del director chileno Pablo Larraín es una película que no te esperas: un biopic que se articula en torno al personaje central no como objetivo en sí sino como excusa artística para desarrollar otras temáticas, desbordándolo. Este es uno de sus principales atractivos, pues no se me podría ocurrir algo más aburrido que una película sobre la vida de Jackie Kennedy filmada por el típico realizador funcional sin media idea (no sé, se me vienen a la cabeza La dama de hierro o cualquiera de los más bien rancios biopics de Eastwood).

Muy al contrario, el sorprendente guion de Noah Oppenheim decide aproximarse al humanismo existencial bergmaninano antes que acomodarse en un insípido registro comercial que posiblemente le habría venido mejor de cara al público medio (de ahí que toda su campaña de marketing se centre en Natalie Portman, su principal valedora), pero que sin duda la habría hecho mucho menos interesante. Jugando con los saltos temporales, nos arma un trasfondo psicológico que, como decía, desborda al personaje, atendiendo para ello especialmente a la forma cinematográfica, que trabaja de manera activa para mantener al espectador en una especie de trance hipnótico, sobrevolando esas estancias en primera persona y entendiendo los continuos saltos de manera perfectamente orgánica.

A partir de aquí, la película contiene sobrados elementos de interés, pero centrémonos al menos en tres de ellos: en primer lugar, el talento de su director, que crea un universo decadente y demuestra un control del espacio verdaderamente minucioso, empleado este como elemento alienante de los personajes. En los diálogos predomina el plano-contraplano mediante encuadres simétricos frontales que ahondan en la sensación de asfixia existencial que trata de transmitir el filme. El dominio de la puesta en escena es especialmente sugestivo en la escena en el cementerio, pero también en otra tan distinta como el famoso asesinato, rodada mediante primeros planos.

Por otro lado, creo que su banda sonora es la más brillante que he podido oír en una película en todo 2016. Destacando las cuerdas y los idiófonos en su orquestación, sorprende ya casi desde el principio con un lenguaje único, desde luego alejado del convencionalismo del resto de bandas sonoras nominadas al Óscar este año. El diseño de los glissandi descendentes en todas las cuerdas es una especie de leit motiv que se repite casi durante toda la película y no podía resultar más efectivo. Mica Levi consigue transmitir una suerte de fantasmagoría con su partitura, un incómodo abismo de oscuridad, como si preludiase una muerte interna de un personaje que en apariencia es y por dentro ya no es nada. De ahí la constante mácula, el trabajo de funciones tonales convencionales que no terminan de resolver, colchones de sonido inestables, que oscilan en su afinación, y sin melodías claras, con un carácter netamente textural. Ojalá un premio de la academia, pero no caerá esa breva (la sombra de La La Land es muy alargada…).

Y, como no, mencionar también a una espectacular Natalie Portman realizando una de esas interpretaciones miméticas tan de método actoral, pero especialmente brillante. Portman ES Jackie. Sorprende sobre todo su trabajo a nivel físico y a nivel vocal. Consigue hacer atractivo un personaje que a priori no me interesa en absoluto. Sentimos su dolor, pero sobre todo sentimos su vacío. Su personaje está construido en torno a una circunstancia insalvable: su marido John Fitzgerald Kennedy. Y digo bien circunstancia porque es como aparece representado: no como alguien físico o como un personaje activo, sino como un ente ausente que condiciona su personalidad, sobre el que pivotan sus actos, pero sin protagonismo directo. De hecho, me parece acertada la decisión de no hacerlo aparecer casi en una hora de película, y cuando lo hace, apenas habla, apenas se le ve la cara, como un vago recuerdo cuyos detalles comienzan a desaparecer lentamente en la memoria. Su persona importa poco; es su impronta en Jackie lo que nos interesa, y en eso se centra la película. Así, Jackie es una mujer condicionada por la pérdida de su marido, que trasciende a una pérdida de identidad propia en el momento en que su marido es alguien con esa personalidad tan rotunda. Ese vacío es metafísico, pero también espiritual (las conversaciones con el sacerdote remiten como decía a Bergman). Y Portman está a la altura en todo momento, entendiendo los matices psicológicos, sin expandir su paleta de emociones más allá de lo necesario, sino centrándose en desarrollar aquellas concretas requeridas.

Nos encontramos así ante una película sobre la búsqueda de identidad, o sobre la pérdida de la misma, sobre el dolor, sobre la dignidad, sobre la imagen que queremos proyectar de nosotros mismos en contraposición con la que nos devuelve el espejo. Todo ello apoyado en una forma cinematográfica cuidada, precisa, en que todos sus elementos (los que he nombrado y los que me quedan por nombrar, véase la fotografía, el diseño artístico y de vestuario…) coadyuvan para hipnotizar al espectador y sumirle en ese vacío interno incómodo, pelágico, del que sabemos que se nos muestra solo la punta del iceberg, empero se nos insinúa un fondo subyacente mucho mayor. No posee apenas concesiones al espectador; ni falta que le hace.

Nota final: 7.5/10.

Carlos Rodríguez.

Lion

lionTras estos meses de vacío bloguero, qué mejor época para retomar la sana costumbre de la escritura que la carrera final hacia los Óscar. Por el camino, ya han caído los visionados de la mayoría de cintas de especial relevancia, pero he tenido a bien volver a Back to the Cinema (valga la redundancia) para analizar Lion, nominada a mejor película, actor y actriz de reparto, guion adaptado, fotografía y banda sonora en esta edición de 2017.

Con Lion, nos encontramos ante dos películas claramente diferenciadas. Vayamos por orden y comentemos la primera de ellas. La primera mitad, nos narra una suerte de odisea en tierras indias, reflejando la miseria de las tierras más empobrecidas desde el punto de vista del niño protagonista (fantástico trabajo, por cierto). Como cine, es medianamente potente, sustentado sobre la base de una narración solidísima en que priman los silencios y beneficiándose del exotismo del entorno para cautivar al espectador. Le pesan dos cuestiones. Por un lado, el retrato de la miseria, sobre la que se recrea, se siente algo acomodaticio, oportunista, típica denuncia social hueca que tanto gusta entre los académicos, entre los sectores del público más vulnerables a la manipulación y entre los directores carentes de ideas que ven en este tipo de historias increíbles (por ciertas) una oportunidad de narrar algo que les es ajeno, sin poner mucha inventiva sobre la palestra, quedando de paso como seres de luz ante la crítica mundial. Exagero un poco, porque el caso es que esa miseria, exagerada, que tan bien supieron reflejar en el cine gente como Buñuel o Satyajit Ray, está aceptablemente sustentada sobre una base narrativa sólida, como decía, con ritmo, y funciona bien a nivel dramático. El otro pequeño problema son las continuas resonancias a Slumdog Millionaire. Ya hemos visto algo muy similar, y el efecto sorpresa se pierde.

Toda la pericia narrativa se echa a perder en la segunda mitad de película, por desgracia. Aparece Dev Patel, por si no había quedado claro que me estaban vendiendo la misma película, y una Nicole Kidman cuya nominación se me antoja exagerada. Y todo se vuelve vulgar, convencional, sin apenas interés a ningún nivel. La banda sonora, que hasta entonces había estado inteligentemente dosificada, se vuelve machacona y reiterativa, apoyándose en el típico piano facilón que recalca los sentimientos de manera burda. Los nuevos personajes están desastrosamente escritos. El montaje comienza a realizar tantos flashback que me resulta casi insultante. Para cuando la película quiere terminar, ya me da todo un poco igual, y tampoco me resulta especialmente conmovedor. No le termina de salir bien el pueril recurso de añadir un epílogo con imágenes reales (curiosamente, Mel Gibson también recurre a ello en su cinta y sale mejor parado), y solo lo salva el acompañamiento sonoro, que a su vez es lo mejor de toda la banda sonora: el Never Give Up de Sia. Bien como broche final para esta cinta que va de más a menos.

Por salvar algo de esta segunda mitad, destaquemos la interpretación de una Rooney Mara que solventa la papeleta con una naturalidad encomiable. Hace que la cinta respire aire fresco, a pesar de encarnar un personaje totalmente desdibujado. La nominación a mejor actriz de reparto debiera haber sido para ella, y no para una Kidman que contra lo que lucha es contra el bótox de su cara, a pesar de que su personaje tiene un peso específico mayor. Vale, Dev Patel en plan plañidero no lo hace mal (y seguramente se lleve el Óscar en su categoría). Tiene una presencia física y una habilidad para modular las emociones que convencen, a pesar de que la emoción que prevalece casi en exclusiva en su escritura es el llanto.

Ojalá esa búsqueda materna hubiera tenido algún interés. Ojalá la cinta supiera qué nos quería contar. Ojalá hubiera tenido algún subtexto que sustentase o acaso justificase ligeramente la existencia de esta película. Ojalá ese retrato de la adopción (incluyendo la relación entre hermanos adoptados), y esas ideas sobre la importancia de las raíces en la propia identidad hubieran estado mejor dibujadas, porque son lo único interesante que se enuncia en toda la segunda mitad. Pero al final, solo nos queda una primera mitad con fuerza y vitalidad narrativa, y una segunda que pierde toda direccionalidad, que es plana y que busca desesperadamente la conexión con el público con la misma fuerza con la que consigue paulatinamente todo lo contrario.

Nota final: 5/10.

Carlos Rodríguez.

Crónica Festival de Cine de Sitges (Jornada IX)

Todo lo bueno llega a su fin tarde o temprano. Para una persona que ama el cine (y sobre todo el de género) como servidor, la experiencia cinéfila del año supone un oasis vital, toda una vivencia de crecimiento personal. Hasta de las películas malas (que las ha habido, claro) sacas algo importante. Por eso da pena que se acabe. En cualquier caso, el último día fue al máximo provechoso y podemos comentar una buena hornada de películas.

Destacar, para empezar, el Palmarés Oficial que se diera a conocer este día. Parece que el premio gordo ha tenido un aire reivindicativo, aunque no tan valiente como pareciera (da la sensación de que la enorme mayoría de películas a competición no tuvieron nunca ni la más mínima oportunidad). Swiss Army Man gana, además laureando también a Radcliffe como mejor actor protagonista, acaso el premio más acertado de todo el Palmarés. También hay algunas cosas incomprensibles, como el Premio al Mejor Cortometraje de animación a Darrel, escasamente imaginativo, de los más flojos que he visto.

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The Neon Demon

Pero vayamos con los largos, empezando por el final. The Neon Demon me ha parecido lo mejor del Festival, directamente. En al Palmarés se tendrá que conformar con el Premio de la Crítica (algo es algo), pero debiera haberse llevado algo más. Nicolas Winding Refn subyuga al espectador con este espectáculo hipnótico cuya estética continúa bebiendo del cine de Argento, modernizada hasta conseguir una atmósfera cada vez más personal, que ya se asentaba plenamente en su anterior film Solo Dios perdona. Aquí se pule y perfecciona aún más la puesta en escena. La mezcla entre música e imagen posee una extraña fuerza que cautiva. El argumento, una joven aspirante a modelo despierta las envidias de un feroz entorno competitivo y hostil, desarrolla una crítica, admitámoslo, bastante obvia y ramplona. En realidad, este solo sirve de excusa para que Refn desarrolle su filigrana formal, por lo que entiendo a aquellos que la tildan de vacía y no la aguanten por ello, aunque creo que equivocan el foco de su crítica. Algunos la comparan con el Love de Noé; la diferencia es que aquella sí tenía una pretensión de fondo que no se materializaba de facto en el film, mientras que la intención en la de Refn está clara y consigue lo que busca con creces. Mi película preferida del danés hasta la fecha.

Por contrastar, vayamos ahora con lo peor del Festival:

Amor.

Madre naturaleza.

Creadora de todo.

Dame fuerzas, porque en tu seno está la virtud de la creación.

Sabiduría.

¿Qué significa el tiempo?

¿Quién soy? ¿De dónde venimos? El viaje de la vida.

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Voyage of Time

Me lo he ido inventando, pero así de irritante es la voz en off de Voyage of Time: Life’s Journey, el documental de Terrence Malick realizado con las sobras de El árbol de la vida. Me es casi imposible de soportar esa pretenciosidad new age tan típica del director, que aquí es ya sonrojantemente risible. Aun sabiendo a lo que iba (imágenes bonitas de nebulosas y de procesos geológicos), la experiencia ha sido horrible. Para colmo, ni siquiera es original en su material. Muchos de los motivos mostrados ya los he visto y mejor en otros documentales anteriores. Así que lo que nos queda es una sucesión de wallpapers narrados por una Cate Blanchett que se dedica a discurrir sobre el poder de la madre naturaleza y la necesariedad de que alguien o algo haya tenido que crear algo tan majestuoso. No compro esa mierda.

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Le secret de la chambre noir

 La segunda película en este Festival de Kiyoshi Kurosawa (bienvenida sea, pues cada vez disfruto más de su cine) es Le secret de la chambre noir. No se trata de una película de terror en esta ocasión, aunque mezcla elementos de Journey to the Shore con un aire de misterio algo oscuro, consiguiendo una atmósfera de inquietud, casi nostálgica, bastante notable. El arranque es magnífico, me encanta la puesta en escena de Kurosawa, cómo escudriña los espacios lentamente, con planos muy abiertos que obligan al espectador a buscar con la mirada activamente. Por desgracia, la historia principal comienza a flojear a eso de la mitad del film, momento en que todo se desinfla notablemente. Técnicamente es impecable, a destacar de nuevo su extremadamente sensible banda sonora. Pero hay varios problemas que le lastran. Uno de ellos es una interpretación principal de Tahar Rahim paupérrima. Además, está demasiado alargada, pues pronto empieza a dar vueltas sobre la misma idea y le cuesta despedirse. Una lástima, porque la película tiene atmósfera y demuestra sensibilidad.

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Louise en hiver

El problema de Louise en hiver es que quiere ser, y es, demasiado francesa. Esta película de animación habla del tema de la vejez y su relación con la muerte, o la soledad, pero lo hace de maneras demasiado obvias. Tampoco consigue desbordar con su imaginación, más bien escasa, ni tan siquiera cuando lo mostrado son ensoñaciones que pretenden magia y asombro. Es evidente que hay sensibilidad detrás, y la premisa me parece bastante bonita (la anciana protagonista se queda sola en la ciudad de vacaciones durante un año al perder el tren de vuelta porque el reloj de su casa se ha detenido), pero se le ven demasiado las costuras, y ni siquiera consigue dibujar un personaje principal que inspire la suficiente ternura o identificación con el espectador. Sí destaco su bello dibujo, aunque la animación en sí es más bien simple.

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Headshot

Ahora vamos con la indonesia Headshot, de Kimo Stamboel y Timo Tjahjanto. Lamento decirlo, pero aunque las comparaciones son odiosas, es la hermana menor y pobre de The Raid. No consigue sacarle partido a su protagonista (el mismo en ambas cintas), haciéndole deambular de pelea en pelea empleando como vehículo un drama de amor horrendo que lastra la película enormemente. Las escenas de acción, en general bien rodadas pero también pobres en comparación con el talento de Gareth Evans, no justifican el visionado de esta película mal estructurada y mal planificada. Por mucho que nos mole el pencak silat en pantalla, hay que tener mayor talento tras la cámara para poder aguantar dos horas de metraje.

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Yoga Hosers

Vamos a finalizar estas crónicas ya con un poco de humor de la mano de Kevin Smith. En la senda de su anterior y bizarro film, Tusk, nos trae ahora este spin-off basado en los personajes de las dos jóvenes dependientas del súper, Yoga Hosers. Totalmente autoconsciente de su ligereza argumental, la película es una mera excusa para mostrar en pantalla la encantadora química entre las dos actrices protagonistas: Harley Quinn Smith y Lily-Rose Melody Depp. Su humor no es genial, acaso nada lo es en esta película salvo su atrevimiento tontorrón, pero el producto es simpático, y solo se le atragantará a aquellos que se acerquen a ella buscando un producto con una trama congruente y sólida. Esto va de dos chavalas que tienen que matar salchichas nazis canadienses que al explotar sueltan chucrut. Sin más. Se retoma también el personaje de Johnny Depp de Tusk, que me parece de lo mejor de sus últimas construcciones. Bienvenido sea a la función. También un demacrado Haley Joel Osment, en un breve pero delirante papel. Aquí todo suma, y al final te das cuenta de que te lo has pasado bien observando la película más chorra del mundo.

Con esto nos despedimos de esta magnífica experiencial anual, deseando poder volver el año que viene, para la que ya se atisban novedades jugosas. ¿Abrirá Blade Runner 2049 la Edición número 50 del Festival de Sitges?

Carlos Rodríguez.

Crónica Festival de Cine de Sitges (Jornada VIII)

El día de hoy ha venido definido casi en su totalidad por la Sección Oficial. Tenemos en primer lugar Shelley, cinta danesa de terror que parece haber pasado muy de tapadillo por la programación del Festival, sin apenas atención del público, pero que, curiosamente, ha sido la única película hasta el momento en generarme verdadera inquietud. La trama es eminentemente deudora de La semilla del diablo de Polanski, pasada por un tamiz muy danés que recuerda a Anticristo sobre todo, con algunas ideas de Nymphomaniac (II), de Von Trier. La historia consiste en una pareja que, incapaz de concebir, decide solicitarle a su recién llegada asistenta la posibilidad de prestarles su vientre en alquiler.

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Shelley

 La película relaciona la maternidad con lo maligno, le niega el sustrato de obligatoriedad existencial al presentarla como un elemento degenerativo de manera hiperbólica, en relación con la naturaleza salvaje del entorno, de igual manera que hacía Anticristo, pero usando la forma cinematográfica claramente diferente. El terror se apodera del metraje como una ponzoña que lo va inundando todo a medida que avanza, instalándose en la psique de sus protagonistas. El deterioro físico de la protagonista va de la mano de la escalada de terror e inquietud. El tema me produce especial desasosiego, y por suerte la dirección acompaña, elegante, generando una atmósfera malsana, con toda la violencia sugerida, o fuera de plano. Casi siempre es más potente lo sugerido que lo mostrado explícitamente, y esta película es un buen ejemplo de ello. Solo le echo en falta mayor desgarro al final, que se termine de desatar para dejar un regusto más potente, una guinda que hubiera podido completar la mejor película del Festival. Casi.

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Zombi

Haciendo un pequeño receso en la Sección Oficial, nos volvemos a encontrar con un clásico entre los clásicos: Zombi (1978), de George A. Romero. Su visionado me ha servido para reafirmarme en lo que opino de ella. Creo que su iconicidad está muy por encima de la calidad real de la película. Valoro muy positivamente toda su aportación al género de zombis, el enorme acierto de ambientar la película en un centro comercial… Empero, su sustrato filosófico está un poco sobredimensionado, y no tan bien desarrollado como se piensa. En este sentido, encontramos dos ideas interesantes: la sociedad está muerta, el consumismo nos hace vivir como zombis, totalmente alienados; y no hay nada más peligroso para el hombre como el hombre en sí mismo. Esto así enunciado queda muy bien, pero en la película está demasiado soslayado, y no lo suficientemente bien acompañado de escenas que revistan esas ideas con potencia. Vemos así la parte del asalto por parte de una banda al centro comercial, la que desata el desenlace de la película, que es tan ligera y cómica (voluntariamente, vale) que no se puede tomar en serio. Siendo así, no se justifican las más de dos horas de idas y venidas sin un sentido claro de la tensión. El montaje de Dario Argento (muy a su manera, con la cual no comulgo) y la música de Goblin (especialmente irritante) no me ayudan en nada. Aquí los protagonistas absolutos de la función son el centro comercial y los míticos efectos y maquillajes de Tom Savini.

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Operation Avalanche

Volvamos a la Sección Oficial. Operation Avalanche es una película que ya se hizo. Partiendo de esta base de innecesariedad, lo que en 2002 se realizaba en formato falso documental en Operación Luna, aquí se revisa y desarrolla dramatizado, aunque empleando la cámara en mano imitando el formato reportaje o documental. Se trata de una película de intriga en torno a la idea de que la llegada del hombre a la Luna, las imágenes que todos conocemos, son una farsa rodada con la ayuda de Stanley Kubrick, que acababa de rodar su 2001. Justifica con calzador su presencia en la SO de un Festival de Cine Fantástico, ya que se trata de un drama de intriga muy convencional, bien desarrollado y con buena factura, también con sentido del humor cuando quiere tenerlo, pero finalmente nada memorable y prescindible. Destaco lo bien medida que está la tensión. Esto es lo que más disfrutable la hace. Cuenta con una escalada de emoción hacia el final que le hace oscurecer el tono y  me parece lo mejor de la película.

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Swiss Army Man

Vamos con la película indie sobredimensionada del año (que todos los años nos encontramos alguna). Swiss Army Man es lo que es su premisa, enunciada en su magnífico prólogo: un náufrago, al borde de la desesperación y el suicidio, es salvado gracias a la aparición del cadáver flatulento de Daniel Radcliffe. Genial. A partir de aquí, se desarrolla una bizarra historia de amistad que consiste en estirar el chicle del gag. Verdaderamente, admiro la valentía de hacer algo así, porque ha salido un producto poco convencional solo por la premisa, y además demuestra cierta inventiva al crear escenas cómicas en torno a la relación de náufrago y cadáver. Hay algunas pretensiones filosóficas que se quedan en la superficie de una película en la que lo que destaca es su particular humor, pero sí añaden un poso extrañamente poético que no le viene mal. También atisbo un ligerísimo regusto de realismo mágico que, extrañamente, no me molesta, supongo que justo por ser ligero, pues entiendo que esta película dirigida por el francés de turno habría apestado a la legua. Finalmente, se queda en una película simpática y ligera, sin más alardes, con un Radcliffe ofreciendo su faceta más hilarante. Fan del agente que le haya conseguido este papel.

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Crudo

Finalmente, una de las más sonadas en este Festival: Crudo. Se trata del primer largometraje de la francesa Julia Ducournau, un drama universitario que se enfoca decididamente al terror psicológico, con la temática principal del canibalismo. Este motivo se desarrolla añadiendo con elegancia ligeros elementos sobrenaturales, como la pérdida de la voluntad ante la necesidad acuciante de carne humana. Existe una enunciación del vegetarianismo que parece ir a conducir a algún tipo de mensaje concreto pero que finalmente se abandona para centrarse en el desarrollo de la historia de canibalismo familiar. Destacan especialmente su actriz principal, cargada de matices en un papel nada sencillo, consiguiendo naturalidad o inquietando cuando es necesario; un guion bien dosificado que sabe crear momentos desagradables con solvencia, añadiendo notas de humor negro al conjunto, aunque presente un desarrollo algo ramplón; y una banda sonora potente y bien dosificada. El final está un poco cogido con calzador, pero le salva la distancia irónica con que rueda la directora.

Carlos Rodríguez.